¿Tienes la sensación de que para algunas empresas eres solo un conjunto de datos?
¿Somos simples portadores de información susceptible de ser registrada de múltiples maneras, tratada, agregada, combinada, analizada y evaluada? ¿Sabemos quién tiene información sobre nosotros, qué sabe y hasta cuándo la conservará? ¿Y dónde la guarda y con quién la comparte?
Es cierto que recoger datos y elaborar perfiles se hace desde que el hombre es hombre, pero también es cierto que los avances tecnológicos de las últimas décadas han hecho que aquello que antes era patrimonio de una minoría (los que tenían mucho tiempo, mucho dinero y muchos medios) ahora esté al alcance de casi todos. Cualquier persona con un poco de esfuerzo, tiempo y dinero puede conseguir muchos datos y combinarlos entre ellos, generar tendencias, patrones y perfiles. Si, además, tienes mucho dinero, medios y tiempo, las posibilidades son infinitas.
Desde el momento en que cualquier cosa que hacemos (y no solo en nuestra vida online) es susceptible de ser etiquetada, cuantificada, registrada, monitorizada y valorizada, y no solo en nombre de la ciencia, la historia u otras finalidades a priori legítimas, sino simplemente para vender más refrescos, teléfonos o coches, está claro que hay alguna cosa que ha cambiado. Pero que el frenesí de los datos no nos impida ver la luz. Seguimos siendo personas, seguimos teniendo derechos, y podemos defenderlos, ejercerlos y reivindicarlos tantas veces como haga falta. Evidentmente, sin embargo, no podremos defenderlos si desconocemos que los tenemos.
Con esta presentación queremos explicar de manera comprensible los derechos que tenemos todos nosotros en relación al uso que hacen los demás de nuestros datos personales. Esperamos que os sea útil.


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